COTARD: ¿por qué para mí es real?
"Cotard"
¿Y qué es eso? No entiendo de qué me están hablando, aquí nadie tiene Cotard, no sé qué significa ni siquiera, sólo sé que estoy enfermo. ¿Nadie puede ver la manera en que mi brazo está suelto? Necesito que me pongan un yeso, si no es posible que jamás vuelva a usar mi brazo como antes.
—Lo siento mucho, señora Guadalupe, pero eso es lo único que le pudimos detectar a David—la voz de la doctora solo me desesperaba más ahora.
¿Cómo podía decirle tales mentiras a mi madre? ¿Qué pasa si mi brazo no vuelve a la normalidad? ¿Y si algo más dentro de mi cuerpo se rompe? De pronto me duele mucho el pecho y me empiezo a quedar sin aire, me duele y no sé qué hacer.
En un arranque, en un impulso por el miedo logro levantarme de mi lugar y voy a tocar la puerta de la pequeña oficina de la doctora.
—No respiro, no respiro—dije muchas veces, mientras la doctora abría la puerta y trataba de ayudarme—. Mamá, me duele mucho el pecho.
La doctora me ofreció un vaso con un líquido de color rosa, lo bebí, no sabía a nada más que a agua, pero unos minutos después de procesarlo me sentía mejor.
—Me temo que tendremos que llevar a David a un hospital psiquiátrico—informó la doctora nuevamente, ¿cómo que a un hospital psiquiátrico?—, usted sabe que le dí para que se le bajará su dolor, y está mejor, obviamente necesita tratamiento.
—No, yo solo necesito medicamentos, necesito vendas, necesito que me pongan un yeso y que me digan que es lo que tengo porque me siento muy enfermo.
Mi mamá lloraba un poco, no entendía aquella reacción a mis palabras, ¿le dolía que yo estuviera tan enfermo? No, ella dejó que me llevarán a ese hospital psiquiátrico, yo no tengo nada, ni siquiera me dijeron que es el Cotard y estoy yendo a este horrible lugar por culpa de ello.
Las paredes de este transporte me tienen aún más confundido, ¿por qué no hay ventanas? ¿por qué no puedo ver hacia afuera? ¿en serio creen que estoy loco? ¿Qué es cotard?
Dolores en el pecho otra vez, persisten, me siento muy mareado y cansado, siento que me voy a desmayar, no comprendo porqué todo me da vueltas.
Recargo mi cabeza contra una de las paredes del auto, ¿no pudieron siquiera poner asientos decentes? No soy un perro, soy humano como los dos hombres que van al frente.
Una punzada en la cabeza, ¿Cuántos dolores más hay que aguantar? Son demasiadas cosas que me molestan, me fastidian y solo me siento cada vez más enfermo.
—Necesito una pastilla para el dolor de cabeza—le pedí a los hombres que iban como piloto y copiloto, ambos se vieron y volvieron la vista al frente.
Suspiré y me tiré al suelo, no iba a lograr nada y seguro me veía del asco, aún así esos dos no me dieron nada.
La vida en el hospital psiquiátrico es peor de lo que esperaba. Tengo tres comidas al día, eso es algo bueno de este lugar, pero si pido atención médica, no la recibo, todas las veces pasan por alto de mi.
El lugar da miedo, todo es muy blanco, la puerta es de metal pesado y la cierran con llave todas las veces, ¿Por qué? Yo no soy peligroso, ¿en donde me metieron?
No puedo evitar llorar todas las noches, todo esto se vuelve cada vez más pesado para mí. Una vez más un sollozo que sale de mi garganta.
—¡Por favor ayúdenme!—grite una vez más, seguían sin responder y podía ver a unas enfermeras pasar por la ventana de la puerta—. Me duele todo, me duele la cabeza, me pesa el cuerpo, siento que me falta algo.
Nada. Jamás vienen, siempre me ignoran.
El dolor es cada vez más fuerte.
De pronto la puerta se abre como de rutina a la misma hora, pero esta vez, aparece alguien más en mi campo de vista, no es la enfermera habitual, ni siquiera es una chica.
—Buenas tarde David, yo soy Carlos, y estaré aquí para cuidarte desde ahora.
Vi a sus ojos, aún llorando, me levanté de mi lugar lentamente, sintiéndome débil y tomando su mano, él me guió de vuelta a la cama y dejándome sentada en esa. Me indico que me quedara quieto, que me haría una revisión completa para analizar mis síntomas.
—¿Alguna vez te explicaron tu condición?—negué—. Verás, David, tú tienes Cotard, en realidad, muchas de las cosas que estás sintiendo, dolores, náuseas, tal vez que no tienes alguna parte de tu cuerpo, estas sensaciones son falsas—me sentí muy ofendido, pero antes de que dijera algo, él prosiguió—, te acabo de hacer un examen rápido, todo está bien y tú te ves de maravilla, mira aquí.
Me tomó una foto y después me la mostró. ¿Por qué no me veo enfermo si me siento terrible?
—El cotard es como la hipocondría pero en un nivel extremo, incluso puedes llegar a sentir que te quitamos un órgano, y eso no es verdad.
Todo era raro.
—Lo que siento no es falso, me duele todo, me siento mareado, tengo sueño, siento que algo pasó y no tengo idea de que.
Carlos solo asintió, siempre odiare eso de los enfermeros y doctores de este lugar, solo asienten y fingen que te comprenden.
—Toma—dejo unas pastillas en la mesita de al lado—. Toma una de estas durante un mes cada 7 horas, son relajantes, te ayudarán un poco.
Se fue, dando como final ese diagnóstico que no me sirvió para nada.
La vida con Cotard, ¿cómo que tengo Cotard? ¿De dónde vino el Cotard? Y ¿Por qué para mí es tan real?
Ariadna Ixcnel Castillo Romero
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