La venganza del señor conejo.
El señor Lobo y el señor Conejo eran muy buenos amigos. Se conocían desde hacía ya mucho tiempo y solían ayudarse mutuamente. El señor Lobo le había dado refugio al señor Conejo en el momento en el que él necesitaba su ayuda, y el señor Conejo también había hecho lo mismo por el señor Lobo.
Pero el señor Lobo, cada que entraba en la madriguera del señor Conejo, causaba algún desastre. Se ha comido unos cuantos hijos del señor Conejo, la señora Conejo no le agrada el señor Lobo, pues ella pensaba que él sería siempre una muy mala influencia para sus conejitos y nunca hacía nada más que vagar y meterse en problemas, por eso entraba tanto en la madriguera de la familia Conejo.
Hoy día se escuchaban muchas pisadas rápidas, como si estuvieran corriendo a toda velocidad, y ahí fue cuando todos los conejos sabían qué pasaría a continuación. Con todos los escenarios pasados, los conejitos se ocultaron en un pequeño hoyo que hicieron para protegerse del señor Lobo y la señora Conejo también se quedó con los pequeños en aquel hoyo.
Prontamente, todos pudieron escuchar al señor Lobo gritar por fuera de la entrada de la madriguera.
-¡Señor Conejo!-pudieron escuchar todos-¿señor Conejo?, ¿estás ahí?-se volvía a escuchar, muchas pisadas rápidas de fondo a la voz del señor Lobo.
El señor Conejo indicó a toda su familia quedarse quietos y seguir ocultos antes de salir al exterior para hablar con el señor Lobo sin poner en peligro a más conejitos suyos, no quería volver a pasar por lo mismo por culpa del lobo, aquel que siempre se metía en problemas y también lo metía en problemas a él.
-¡Sí, señor Lobo, aquí estoy!-gritó de vuelta, saliendo de la madriguera, su plan inicial era rechazar y no dejarlo entrar.
-Señor Conejo, por favor, te lo pido una vez más, déjame entrar-pidió a modo de súplica el señor Lobo-. Ahora sí que me he metido en problemas y necesito tu ayuda. Necesito ocultarme en un muy buen lugar hasta que se vayan los osos.
Justo cuando el señor Conejo iba a decir que no, pudo sentir que los osos se encontraban aún más cerca. El señor Lobo podría caber en la madriguera, más no los osos, y aunque su nuevo plan era demasiado cruel, es la mejor manera que se le ocurrió al señor Conejo para parar sus problemas con el señor Lobo y los problemas del señor Lobo al mismo tiempo.
-Está bien, señor Lobo, puedes pasar-fueron entrando a la madriguera-, pero no te puedes acercar a mis pequeños conejos, si te acercas a aquel hoyo no podrás volver a entrar aquí, ¿entendido?
El señor Lobo hizo un pequeño sonido de afirmación, esperando que los osos, que lo perseguían no hace mucho, no lo escucharan. Entró junto con el señor Conejo a la madriguera, los pequeños conejos hicieron ruidos de temor y el señor Conejo se acercó a ellos para hablar.
-No se preocupen, pequeños hijos míos-habló con voz suave el señor Conejo-, el señor Lobo prometió no hacerles nada, si no jamás volverá a tener un refugio aquí.
Tanto los pequeños conejos como la señora Conejo estaban confundidos, ¿por qué el señor Conejo dejaría pasar al señor Lobo nuevamente después de todo el desastre que ya había hecho?, aunque en realidad no lo cuestionaron. El señor Lobo observó cada esquina de la madriguera, analizando donde podría quedarse, el señor Conejo al notar aquello se acercó a él, indicando que lo siguiera, llevándolo hacia donde tenían una reserva de verduras que preveía los alimentos de aquella gran familia.
-Aquí puedes quedarte, señor Lobo, no te preocupes-dijo naturalmente el señor Conejo, palabras que siempre usaba con el señor Lobo-. Te dejaré ir una vez se vayan los osos.
El señor Lobo no volvió a emitir una sola palabra en los siguientes 20 minutos, viendo como el señor Conejo hacía más grande el hoyo en el que se encontraba su esposa e hijos, ocultos de él para que no volviera a pasar una desgracia.
-¿Cuánto tiempo más tendré que estar aquí, señor Conejo?-preguntó el señor Lobo.
-El suficiente para que se vayan los osos, señor Lobo, el suficiente para que no te sigan.
Después de aquellas palabras, nuevamente hubo un silencio mientras el señor Conejo seguía ajustando el hoyo y protegiéndolo correctamente para que el señor Lobo no tuviera oportunidad de volver a hacer alguna maldad. Después de asegurarse que el hoyo estuviera bien protegido, fue a hablar con el señor Lobo.
-Saldré un momento para recolectar más verduras y veré si los osos ya se han ido.
-Está bien, señor Conejo, por favor, no vayas a tardar mucho-pidió el señor Lobo.
El señor Conejo asintió y se fue dando saltos a recorrer el perímetro alrededor de su madriguera. No le tomó mucho tiempo antes de lograr ver a los osos no muy lejos de su casa. Sintió miedo cuando los osos voltearon a verlo, pero aun así esperó a que los osos se acercaran a él.
Cuando estos se acercaron, supo que pudieron saber que el señor Lobo estuvo con el señor Conejo no hace mucho, y antes de que preguntarán empezó a hablar por él mismo.
-Lo atrapé y presentí que estaban volviendo a seguirlo-los osos escucharon atentos-. Yo les entregaré al señor Lobo, solo tienen que seguirme a mi madriguera con la única condición de que me prometan que se desharán de él y me dejarán a mí y a mi familia tranquila.
Los osos no vieron mejor opción que aceptar la oferta del señor conejo, ellos lo siguieron a su paso, solo que sus pisadas eran más fuertes, así que el señor conejo redujo el paso y con indicaciones silenciosas les indicó que fueran más suaves con sus pisadas para que nadie pensará que ellos estaban ahí afuera.
Una vez estuvieron más cerca de la madriguera, los osos se detuvieron y el señor Conejo volvió dentro de la misma con unas pocas verduras que recogió en el camino de regreso, los osos esperaron pacientemente a que saliera el señor Lobo.
-¿Qué pasa ahí afuera?-preguntó el señor Lobo en cuanto vio al señor Conejo entrar.
-Los convencí de que pasaste cerca, pero no te deje entrar aquí.
Fue su única respuesta. Se acercó al hoyo protegido en el suelo, se asomó y contó a sus hijos, 10 conejitos sanos y salvos y la señora Conejo con los pequeños, soltó un suspiró de alivio y se acercó nuevamente al señor Lobo.
-Debe de ser más seguro salir para ti ahora.
El señor Lobo negó. El señor Conejo lo aceptó y esperaron un momento para hacer pensar al señor Lobo que los osos ya estarían más lejos y no lo verían. Los pequeños conejos y la señora conejo fueron saliendo de su escondite lentamente mientras observan al señor Lobo y su padre, el señor Conejo, acercarse a la salida de la madriguera.
-Ve tu primero, señor Conejo, y dime si ya puedo salir.
El señor Conejo hizo caso a las palabras del señor Lobo. Salió primero de la madriguera, viendo hacia todas las direcciones posibles, buscando rastro de los osos. Los vio detrás de él esperando la salida del señor Lobo. Una vez se aseguró que su trampa estaba lista, se dio la vuelta y metió su cabeza por el hoyo de la madriguera.
-Ya no hay osos, señor Lobo.
Indicó con simpleza. Antes de dejarlo salir, él entró por completo a la madriguera, el señor Lobo le agradeció por dejar que se refugiara en su madriguera una vez más y que haría lo posible porque aquello no se repitiera de nuevo o al menos no tan seguido como las veces anteriores.
El señor conejo asintió con una sonrisa y dijo:
-Sé que no volverá a pasar.
El señor Lobo se despidió de su buen amigo, el señor Conejo y de su familia, empezó a salir de la madriguera sin cuidado alguno, creyendo en la mentira de que el lugar estaba libre de osos. Y eso fue lo último que se supo del señor Lobo.
Dejándolo a garras de los osos.
Haciendo sentir a los conejitos más seguros.
Y el señor Conejo obtuvo su venganza.
Ariadna Ixcnel Castillo Romero.
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